Leoncio Barrios: La sociedad de la comunicación es efímera

Hace cuatro años se tomó una foto junto a un poster de Diosa Canales. Lo subió a su cuenta personal en Facebook y logró que unos 100 usuarios reaccionaran positivamente. En cambio, la columna de opinión que escribía para ese momento en el portal Contrapunto, no llegó a 10. Leoncio Barrios, psicólogo, ex profesor de la Escuela de Comunicación Social de la UCV, autor del libro Los sustos del sexo, entre otros, se preguntó en ese momento: “¿será que me meto a actor porno?”.

Actualmente es articulista de Efecto Cocuyo, pero quienes lo conocen saben que su pasión es el baile, que en tiempos previos a la pandemia organizó el BAL (Baile al Aire Libre) en la plaza de Los Palos Grandes. Ahora se encuentra en Madrid, a la espera de ser vacunado para regresar a Venezuela. El tema de las redes digitales no le es ajeno, así que fuimos al encuentro por la vía digital.

—La transmisión de las comunicaciones ha cambiado, ¿ha cambiado el ser humano?

—Generalmente asumimos que los cambios tecnológicos son productos de los cambios de mentalidad en el ser humano. Hay una inteligencia, que no es artificial, que se ha desarrollado en las últimas generaciones y que apunta a la virtualidad más que a lo físico. Lo que ha cambiado básicamente es la forma en la que nos relacionamos. Allí reside el impacto de estas tecnologías, al punto de que se denominan “redes sociales”, asumiendo que esa es la forma “natural”, lógica, de comunicarnos y que lo social es que te comuniques virtualmente. Lo social no es el encuentro físico, el cara a cara, darse la mano muchos menos ahora por la pandemia ni el abrazo, ni el sentarse a tomar un café, sino el chatear, mandar un mensaje, “te vi por Instagram”, revisar los avisos luctuosos en que se ha convertido Facebook, que antes era más festivo con los cumpleaños. Son unos mundos virtuales sociales que están allí para que nos expongamos y han ido redefiniendo la forma de comunicarnos.

Mientras Barrios reflexiona que cuando alguien escribe “se difundió la noticia”, se pregunta “¿qué venía en el pensamiento de hace 15 o 20 años?” Y se responde: “por los medios de comunicación. ¡Epa, espérate! ¿Por los medios de comunicación? ¿Cuáles medios de comunicación? ¿Dónde están? ¿Quién se expone en esos medios de comunicación? Los medios de comunicación se digitalizaron, están en la red. ¿Es la red el gran medio de comunicación?”

—La red terminó arropando al sistema de comunicación que en el siglo XX se cimentó sobre cuatro pilares: prensa, radio, televisión y cine. Se enseñó y se escribió sobre estas columnas, pero resulta que 30 años después quedaron minimizados y, para colmo de colmos, ya venía desarrollándose la percepción de que las redes eran lo que regía la comunicación social y con la pandemia terminó por entronizarse esta forma de comunicarnos. Llevamos un año y medio comunicándonos, casi que exclusivamente, de esta forma y por estas vías.

—Se enseñaba también que los medios amarillistas, sensacionalistas, eran deleznables, pero con las redes digitales se ha normalizado la transmisión de este tipo de información.

—El paradigma de la comunicación cambió radicalmente, porque el periodismo, en términos de la información que se transmite no está ejercido por periodistas, por gente de la academia, sino por cualquiera que tenga acceso a la red. El monopolio de la comunicación, en términos de mantenerse en los cánones académicos, la poseía el periodista al tener una formación, conceptualización y forma de transmitir la información que se había aprendido en las escuelas de comunicación o de periodismo. No estoy hablando de la escuelas creadas en los años 60 para acá, sino de aquellas que fueron creadas a mediados del siglo pasado y que hacían del periodismo una profesión. No porque fueran egresados de la academia sino porque habían hecho del periodismo su vocación, ejercicio, oficio y profesión. Habían unas reglas sobre lo que había que informar y de qué manera. Fueron creados diferentes tipos de secciones para que la información se publicara a través de cada canal, pero con el advenimiento de la tecnología digital y la aparición de las redes, el comunicador dejó de ser un profesional, alguien que requiere ir a una universidad a formarse para ser sustituido por el influencer, cuyas “informaciones” le llegan a sus millones de seguidores en tiempo real independientemente de en dónde se encuentren en el mundo.

“La prensa, en el sentido tradicional, aún por las redes funciona con otros tiempos”, sostiene Barrios, porque supone que los periodistas están “trabajando, investigando, comprobando la información. Mientras hacen esta corroboración, en las redes la ‘información’ ha circulado de forma arbitraria, en la que decidieron transmitir los influencers. Y cuando empieza a reproducirse por las diferentes plataformas digitales corre como el “juego del rumor”, no corre sola, sino que van acompañadas por los comentarios que le agregan las personas y a veces pasa a ser la ‘noticia’ el comentario”.

—Es una nueva concepción de cómo nos informamos y de la calidad de la información que estamos recibiendo, que es muy riesgosa, las noticias falsas pasaron a formar parte de las noticias diarias y el receptor, que está en las redes, no tiene la capacidad de discriminar entre lo que es una información veraz a lo que es una falsa información.

—Los medios de comunicación tampoco son impolutos, tienen intereses así como los usuarios en las redes…

—Sin duda.

—¿A qué se debe la necesidad de la velocidad de estos tiempos en materia de comunicación?

—Es la característica de este nuevo medio que nos ha puesto ante el nuevo paradigma: la temporalidad. Trabaja con una información que viaja virtualmente, que no tiene que esperar a ser impresa, a pasar por una sala de redacción o que llegue al narrador de noticias del canal de televisión o la emisora de radio, sino que fluye de una manera continua sin la mediación de los procesos que antes permitían tener una información de mayor calidad o confiabilidad. Estos medios son inmediatistas, no porque ellos lo definieran. Sin embargo, en la red no existe el tiempo. Es como si asumiéramos que lo inmediato es una nueva categoría de tiempo, en el sentido de que antes el tiempo lo medíamos por segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, etc., ahora en menos de segundos la “información” está circulando y está a disposición de millones de personas. Esto ha cambiado de una forma radical la forma en que se transmite, procesa y recibe la información.

—¿Estos usuarios no están reproduciendo los intereses de los medios de comunicación hegemónicos?

—Esa comunicación se perdió y ahora está en manos de los usuarios de los medios, que se convirtieron en sí mismos en un medio. El amarillismo, el sensacionalismo, predomina porque este medio que es la red está en manos de la ciudadana y el ciudadano común, a quienes les gusta la posibilidad de especular con esa información, de manejarla a su antojo, que no tienen solo intenciones ideológicas, políticas, económicas, sino que es un placer que tiene que ver con el morbo, con el poder de decir algunas cosas que de otra forma no tendrían la posibilidad ni el espacio para decirlo.

—Y sin ser especialistas en derecho, se convierten en jueces, también.

—Es que en la vida somos jueces. Cada vez que nos aproximamos a una persona lo hacemos desde una perspectiva evaluativa y la comunicación interpersonal tiene un alto valor evaluativo. Manejamos un repertorio de adjetivos, calificativos, cuando nos aproximamos a otra tercera persona. Y cada adjetivo calificativo es un juicio, que es lo que los jueces hacen. Socialmente somos jueces de los demás, que además, tienen mucho de moral, de conformación de los valores de cada uno de nosotros. Indudablemente que cada uno de esos juicios es subjetivo. A diferencia de lo que pudiera ser un juicio formal a través del “debido proceso” que se supone está sometido a unos procedimientos, a los contenidos de unas leyes, reglamentos y lo que está estipulado que se debe hacer ante la falta o el delito cometido. Pero en la vida cotidiana no hay debido proceso. Lo que predomina es cómo se ha aprendido a evaluar. Vivimos constantemente en términos comunicacionales, en relacionarnos con el otro, en un juicio de valor y por las redes esto se hipertrofia. Algunas veces uno tiene una impresión de alguna persona. Lo piensa, pero no lo expresa en verbo, quizá en expresión corporal, pero en verbo es mucho más delicado expresar algunas cosas con relación a una tercera persona, pero resulta, y aquí entramos en otra característica de la comunicación contemporánea, aquí se vale el anonimato. Al poderte cubrir con un pseudónimo, una máscara en el avatar, eres nadie pero eres mucho, porque resulta que detrás del anonimato asumes el poder de decir lo que te plazca de quien quieras en los términos que te venga en gana, si acaso resisten los cánones que estas plataformas tienen. Algunas cosas no puedes decirlas por Facebook o por Instagram, pero en Twitter sí, porque es más flexible en términos de imagen y contenidos.

—Independientemente del anonimato, hay quienes sienten que en las redes pueden hacer justicia, individualmente y según sus percepciones, cuando se ha cometido un delito. Hemos asistido a linchamientos virtuales. El debate sobre abusos y violaciones ha cobrado relevancia en redes, sin embargo, temas como la prostitución y otras formas de explotación a la mujer son invisibles en estos espacios. ¿Hay una doble moral?

—Sin duda, porque una de las características de esta comunicación contemporánea son las tendencias. Si el tema no llega a serlo, se pierde en la gran maraña que se tejen en las redes. Un sector social o el influencer son los que determinan qué son las tendencias. No tengo dato preciso del acceso y uso de las redes en Venezuela, pero parto del supuesto de que el recurso de las redes depende de la posesión de un teléfono digital que tenga capacidad de memoria, de los que ahora se llaman “inteligente”, acceso a una computadora, pero además debe tener Internet, luz eléctrica. Son una serie de elementos que implican disposición de dinero y eso es un efecto espejo, de los sectores socioeconómicos de la sociedad y la tenencia de acceso a la comunicación, aunque cada vez se populariza, en el sentido de llegar a los sectores populares este tipo de comunicación, todavía queda muy distante el acceso que tienen respecto a la clase media-alta y la media, inclusive, en términos de acceso a la tecnología. Entonces, la visión que tenemos del mundo, del país, de la ciudad, del municipio, de la urbanización y del barrio, es aquella visión que ese sector social está transmitiendo. Lo que no está en la red, como se decía antes en los medios, que si no aparecías en televisión, no existías; o si no aparecía la noticia en prensa, no había ocurrido el hecho. Ahora, si no estás en la red, eres nadie, no existes. Si esa información no está en las redes, no ha ocurrido. El papel de los influencers inciden en cuáles son esas tendencias y qué hay que decir al respecto, porque entre la opinión sobre una determinada información en las redes va a acompañado por el deseo de que produzca muchos “Me gusta”, reproducciones a través del retuiteo, compartir, o cualquiera de las formas que presentan las plataformas digitales para reproducir la información. Si se convierte en tendencia, es la agenda pública. Y si la red está en manos de grupos sociales de los sectores pudientes, también está en manos del Gobierno que tiene un poderío muy particular. No es precisamente un acceso socializado en los términos de que todos pudiéramos tener igualdad de posibilidad de acceso a esas redes

—Las tendencias son efímeras.

—Porque la sociedad de la información se ha convertido en efímera. No nos detenemos en nada. Para nuestro lamento, esas redes nos pueden ofrecer muchísima información que puede ser de interés para profundizar, pero tenemos que hurgar, ir más allá de lo que hay en la pantalla, y la inmensa mayoría de la gente se queda en lo inmediato. Es lo efímero, que desaparece.

—Quienes no son efímeros son los propietarios de las redes que censuran hasta a Presidentes de Repúblicas. Se erigen como baluartes de la información veraz. ¿Por qué debemos mantenernos en estas redes en la que además de censurarnos, se benefician económicamente?

—Por una visión pragmática que nos guía a todas y todos, porque a través de esas plataformas se va a tener visibilidad y ver gente que me interesa. Es el uso que se le va a dar y no lo que el medio represente. Lo terrorífico es que entregamos toda nuestra información personal a esa plataforma, y uno no se detiene a pensar qué hacen con esa información. Hay algo ególatra en cada uno de nosotros con relación a las redes porque cada vez que las abrimos y nos encontramos que estás de primero en la pantalla y te han dado 188 “Me gusta” en menos de una hora y que la han retuiteado no sé cuántas veces, eso es un masaje para el ego, considerarse importante, que la gente “te quiere”, te sigue, evidentemente, y una serie de interpretaciones que pudieran estar lejos de la realidad. Uno se mete en Facebook y tiene 2.888 amigos, pero resulta que a lo mejor conoces o sabes quiénes son unos 80, y de esos a lo mejor asumes que amigos tuyos son cinco y de resto, no sabes de dónde provienen ese mundo social que se da virtualmente. Lo importante es tener visibilidad con fotos personales, familiares, de quienes quieren mostrar las tetas o los bíceps, etc., en donde hay una cosa narcisista. Y mientras más urbana es la sociedad, más anónimos somos porque es una de las características del modernismo, que se va perdiendo la identidad, y resulta que las redes nos han dado un gran regalo que es volver a ser individuos. A que la gente te vea, diga, mande felicitaciones por cumpleaños.

Barrios expresa que “hay un nuevo sentir con las redes”, pero también considera que es muy valioso el Me too venezolano, con los testimonios de mujeres de cualquier edad que exponen el haber sido abusadas sexualmente porque por años, “quienes hemos acompañado a las mujeres en términos de detener la violencia contra la mujer, de parar la violencia machista, una de las grandes dificultades ha sido el silencio de quienes han sido maltratadas, violadas”.

—Las características de las redes, del anonimato, del que no tiene necesariamente que dar la cara, que en otros ámbitos no te atreverías a decir. Por una razón, que es vergüenza, el miedo al juicio, y resulta que en estas nuevas generaciones, el miedo ha disminuido con relación a lo que son otras generaciones.

—¿El Me Too venezolano podría ser la chispa que levante el movimiento feminista en el país?

—Lo que está ocurriendo con las denuncias es el reconocimiento de que ese un problema mucho más extendido, frecuente, porque como ha sido por los siglos un secreto bien guardado, ahora se convirtió en una plataforma de lucha y en un discurso reivindicativo.

—¿Cómo ves este movimiento a futuro en Venezuela?

—Lo veo a presente, en lo inmediato. Porque en cuestión de horas, días, hemos sabido más de lo que pasa de esa problemática particular en Venezuela, que en 100 años que le antecedieron en esa semana. Esto tiene que mover a la sensibilidad. Ya hubo una respuesta del Fiscal General de la República: recibir las denuncias de este tipo de delitos. Es muy posible que se dé en el país, porque están dadas las condiciones para que la “Ley para una vida libre de violencia”, que es uno de los modelos en Latinoamérica en recurso jurídico en defensa de los derechos de las mujeres, se actualice en la Asamblea Nacional. Pero esto se da porque se han abierto las oficinas de denuncias y de defensa de los derechos las mujeres en la diferentes defensorías. Las mujeres están hablando más, diciendo los nombres y apellidos de los agresores. Si el país va en consonancia con sus ciudadanas y ciudadanos, es posible que surjan cosas bien interesantes en este aspecto. Esto va a depender también de los devenires políticos que tienen que ver con una situación política tan difícil como la nuestra.

Foto: Carlos Ancheta

Entrevista para Últimas Noticias.
Raúl Cazal

Raúl Cazal

Escritor y periodista. Autor de los libros de cuentos El bolero se baila pegadito (1988), Todo tiene su final (1992) y de poesía Algunas cuestiones sin importancia (1994). Es coautor con Freddy Fernández del ensayo A quién le importa la opinión de un ciego (2006). Gracias, medios de comunicación (2018) fue merecedor del Premio Nacional de Periodismo en 2019.

One thought on “Leoncio Barrios: La sociedad de la comunicación es efímera

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    8 mayo, 2021 at 3:24 pm
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    Excelente entrevista.

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