América Latina: un año que abre con expectativas

Bolsonaro llega para hacer mancuerna contra Nicaragua, Cuba y Venezuela con Iván Duque de Colombia. Más claro no pudo haberlo dejado desde ante de asumir la presidencia, y entre los aspectos simbólicos a resaltar de su toma de posesión estuvo la presencia del secretario de estado de los Estados Unidos, Mike Pompeo, quien eufórico coordina el accionar de los tres visitando inmediatamente después de la toma de posesión del primero al colombiano.

La política exterior mexicana no se avizora comprometida ni en una ni en otra dirección. Nadie espera ver a Marcelo Erbrard, el flamante canciller mexicano, quebrando lanzas por ninguno de estos tres países, pero con el solo hecho de no ser propulsor de bloqueos, sanciones y, en general, persecución internacional contra alguno de ellos ya es mucho decir en nuestros días.

Las expectativas se deben, también, al hecho que nos encontramos ante un año electoral. Irán a las urnas los argentinos, los salvadoreños, los guatemaltecos, los uruguayos y los panameños. Seguramente en donde la incertidumbre alcanza cotas más altas es en Argentina y Uruguay.

Como se sabe, Mauricio Macri va por la reelección, y aparentemente la única con posibilidades de derrotarlo, Cristina Fernández, aún no se decide a ser candidata. La victoria de Cristina, sin embargo, no se muestra segura. Aún sin haberse lanzado, pero siendo la posible candidata con mayores posibilidades, aparece en la mayoría de las encuestas superando a Macri en la primera vuelta y viéndolas difícil en la segunda. Su retorno a la presidencia de la Argentina daría un respiro en medio de la ola de derecha que cubre al continente.

Por su parte, en el Uruguay tampoco están nada claras las cosas. Después de tres períodos seguidos en el gobierno, el Frente Amplio sufre un desgaste no solo por el ejercicio del poder sino, también, por contradicciones internas que, en esencia, se reducen a la gran incógnita que corroe a los partidos y alianzas progresistas o de izquierda que han gobernado los últimos 15 años en América Latina: ¿hay que radicalizar hacia la izquierda el proceso o seguir marcando el paso y haciéndole la faena a un capitalismo “con rostro humano”?

Panamá y El Salvador tienen realidades internas distintas, pero en una región en la que hay rasgos y tendencias comunes, la primera de las cuales es el estar ubicados en el patio trasero de los Estados Unidos. Ambos han sido objeto de regaños contundentes y públicos por parte de la administración Trump por haberse aventurado más de lo permitido en sus respectivas relaciones con China.

Panamá ha sido, desde su nacimiento como república en los albores del siglo XX, un alfil de primer orden en el campo de los intereses norteamericanos. La ampliación del Canal, la posible apertura del Tapón del Darién y su condición de plaza financiera internacional lo hace un joya de la corona que los Estados Unidos no están dispuestos a compartir con una China que quiere hacer de ella un centro de irradiación en la región.

En El Salvador seguramente el Frente Farabundo Martí será desplazado después de dos administraciones seguidas. Quien posiblemente logre derrotarlo será un disidente de sus propias filas, con las que el Frente rompió destempladamente cuando ya se perfilaba como su candidato, Nayib Bukele.

El Salvador es un país cuya economía, al igual que las de los otros dos países del Triángulo Norte centroamericano, depende en buena medida de las remesas que envíe la gente que expulsa masiva y continuamente. Esta situación, que marca no solo la economía sino, en general, toda la vida del país, inclusive su identidad nacional, es muy difícil de modificar.

No cabe duda que el 2019 es una año que abre con muchas expectativas.

Rafael Cuevas Molina

Rafael Cuevas Molina

Escritor, pintor, investigador y profesor universitario de origen guatelmateco con residencia en Costa Rica. Participó en el consejo de redacción de la revista de análisis político cultural Ko’eyú Latinoamericano. Actualmente es presidente de la Asociación por la Unidad de Nuestra América (AUNA-Costa Rica) y dirige la revista Con Nuestra América.

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