El único, el inigualable, el Merengue Caraqueño

Nuestro merengue, nuestro insólito y único merengue… Tan lejano de su primo dominicano, con el que sólo comparte la voz y el hecho de ser un género bailable. Obvio, una forma musical tan sui géneris, tenía que ser una creación nuestra, con todo el sabor y la complejidad que nos caracteriza.

Si usted conversa con un músico acerca del merengue caraqueño (y hago esta distinción porque hay merengues en otros lugares del país), seguramente comenzará por decirle que se escribe en tal y cual cifrado de compás, que se tocaba en lugares de dudosa procedencia llamados “mabiles”, que los músicos que lo interpretaban eran conocidos como “cañoneros”, que sus letras eran de doble sentido, cargadas de cotidianidad caraqueña y una gran cantidad de historias vinculadas a su origen y maneras de ejecución. Como mi intención no es convertir este escrito en una cátedra de musicología, quisiera hablarles desde mi experiencia tras veinte años de gozar y disfrutar de él.

Es posible que a sus oídos hayan llegado comentarios como: el merengue se “escribe” en 5/8 y por eso es que es tan maravillosamente complejo. La verdad es que los músicos aún no se ponen de acuerdo en torno a esto y pienso que en realidad es un cuento de nunca acabar. Primero que todo, porque el sistema de escritura musical que utilizamos no es el ideal para escribir nuestra música, pues sencillamente se inventó para representar otra.

Lo que nos ha tocado a los músicos de este lado del planeta, es adaptar esta nomenclatura a nuestras formas musicales. Debo comentar en este punto, que existen dos estilos bien marcados del merengue caraqueño y que solo basta con que el músico los maneje para recrear el requerido por el compositor o arreglista, es decir, lo que está en la partitura es absolutamente referencial y lo que realmente hace la diferencia es el conocimiento del estilo que tenga el ejecutante.

Considero que el centro del asunto está en que sus melodías son construidas con células rítmicas de cinco notas. Esto que puede parecer sencillo, encierra una complejidad enorme y tiene que ver, sin duda, con esa elaboración tan venezolana. Imagínese por un momento que forma parte de un desfile. Va llevando el ritmo de la marcha en su mente: Un, dos, un, dos… Ahí todo va bien, todo correcto, hasta que se da cuenta que para marchar, le dieron un zapato con un tacón más alto que el otro, lo cual hace que deba equilibrar su peso en un pie por más tiempo. Resulta evidente que no puede caminar así, incluso, si su corazón latiera de esa manera, lo estaría haciendo de forma irregular; eso, es exactamente lo que sucede en el merengue. Dos pulsos, uno irregular y otro regular. En el primero de ellos tres notas y en el segundo dos. Un dos tres, un dos.

A esto súmele una letra bien subida de tono y con toda la carga del cotidiano que sólo los privilegiados músicos “cañoneros”, “matatigres”, creadores del “ventetú” sabían hacer. Tendrá, entonces, ante usted, una de las formas musicales más elaboradas del mundo.

Por último y para terminar, este curso rápido de merengue “rucaneao” (mismo musiú, otro cachimbo), busque en su memoria, sobre todo si alguna vez intentó tocar cuatro y verá que el salto y seña de esta fiesta, se la dio aquel profesor de la estudiantina o de música de la escuela, cuando le cantaba “Oiga compadre…” o  tal vez fue “Oiga compa’e…”, ya sabe, por la cuestión esa de los dos estilos de merengue.

No hay quien le dé al merengue… ni siquiera Leonor

En realidad, la letra reza: “No hay quien le dé al merengue como la negra Leonor…“, pero lamentablemente, el merengue caraqueño, ha sido víctima de otra capacidad tremenda que tenemos los venezolanos y que nos ha hecho demoler nuestra historia, destruir nuestro acervo y tener vergüenza de los que somos, me refiero; al desarraigo.

Esta naturaleza indolente, permitió que músicas foráneas ocuparan los espacios que le pertenecían naturalmente al merengue caraqueño, hasta hacerlo desaparecer del imaginario de los habitantes de Caracas, convirtiéndolo en una suerte de fósil musical. Mientras otros países latinoamericanos, “exportan” sus géneros bailables, aquí se ha sometido al ostracismo a este magnifico pedazo de nosotros, a esta primera forma musical urbana de nuestra ciudad, tan genuina como la arepa.

La responsabilidad de esto es compartida por todos, músicos, bailadores, promotores y dueños de orquestas de baile, pero considero como una causa más importante, la desaparición de los «músicos de la calle», que eran los que le daban vida al repertorio cañonero, inyectándole precisamente esa cotidianidad que le caracteriza.

Si este tipo de creadores aparecieran nuevamente, con un repertorio de merengue caraqueño actual con la jerga de hoy y que refleje lo que ocurre en nuestra Caracas, seguramente, tendríamos la oportunidad de remozarlo e incorporarlo a las fiestas y eventos masivos. No creo que sea imposible pues, ese espíritu “cañonero” sigue intacto, continúa vibrando en nosotros, ¿o no es cierto que el doble sentido y la sorna forman parte de nuestro hacer cotidiano? Otra cosa importante, es no olvidar que esta es música para bailar y que toda la estructura de la misma, debe estar puesta al servicio del bailador.

Personalmente creo que hay que evitar ese tipo de representaciones que refuerzan la idea de lo viejo, con bailarines vestidos a la usanza de los años veinte. Dejar los sombreros de pajilla, romantones y otras indumentarias obsoletas para los museos, pues esto le hace un flaco favor al desarrollo de un merengue nuevo. Abrir espacios para el baile, también es tremendamente importante pues música y bailadores se complementan, aquí entra en juego la existencia de promotores que organicen bailes. Seguramente, comenzarán a establecerse estos como puntos de encuentro de la comunidad, como sucede con otras músicas en otros lugares del país, donde este fenómeno ocurre con normalidad.

Si las condiciones se dan, pues seguramente nos encontraremos en un baile de merengue, disfrutando de lo nuevo y por qué no, de uno que otro clásico del pícaro señor de las cinco notas, que es único, inigualable y absolutamente nuestro.

Pequeño glosario:

Merengue caraqueño: Forma musical urbana, desarrollada en Caracas a finales del siglo XIX y principios del XX, que contiene elementos rítmicos y melódicos que lo emparentan con músicas del sur de España y otras formas musicales venezolanas de ascendencia africana. Su principal característica son las células rítmicas y melódicas de 5 notas.

Mabil mabiles: Sitios de baja ralea, en donde se tocaba, cantaba y bailaba música cañonera exclusivamente. Para esa época este baile estaba proscrito de los salones de la alta sociedad pues se consideraba lascivo e indecoroso.

Cañonero: Termino que se acuñó a partir del uso de un cañón de bambú, el cual se hacía explotar con carburo y que anunciaba la llegada de las bandas de músicos que tocaban merengue caraqueño. Su uso se extendió para nombrar la música (merengue cañonero o música cañonera) y a los músicos que la interpretaban.

Arepa: Pan hecho con harina de maíz típico de Venezuela.

5/8: En teoría musical, el cifrado de compás indica las figuras de nota que pueden escribirse dentro de un compás. Se representa con una fracción en donde el numerador representa la cantidad de figuras de nota y el denominador el tipo de figura. En el caso del 5/8, indica que el compás contiene 5 corcheas (figura de nota que se representa con el N° 8) o su equivalente en otras figuras de nota.

Matatigres: Termino con el que se denota a un músico capaz de integrar cualquier conjunto musical por su versatilidad y destreza. El concepto se desarrolló a partir de una anécdota en la cual, se le solicitaba a los músicos a modo de audición interpretar el Tiger rag del compositor estadounidense Scott Joplin, considerada como una pieza exigente a nivel técnico. Quien era capaz de “matar al tigre”, se le consideraba un músico de buen nivel interpretativo. También, quedo asociado el término “tigre” para referirse a un trabajo a destajo.

Ventetú: Los músicos cañoneros, se agrupaban en ciertas plazas o esquinas de Caracas a esperar que llegaran potenciales clientes a solicitarles sus servicios para amenizar fiestas, siendo escogidos  con la expresión “vente tú” por el que organizaba el toque. La expresión quedó para referirse a un trabajo musical a destajo.

Rucaneao: Rúcano es el nombre con el cual se nombra un dulce criollo de consistencia gelatinosa, lo cual hizo que se hiciera un símil entre esta consistencia y el movimiento de caderas propio del baile de merengue, dando origen al término «merengue rucaneao».

Mismo musiú, otro cachimbo: Refrán popular que se utiliza para describir un concepto, persona o cosa similar pero que se llama por un nombre diferente. La palabra musiú, se utiliza para nombrar a personas extranjeras, principalmente de raza blanca.

Romantón: Sobretodo de dama que llegaba hasta la media pierna.

 

Pedro Marín

Mandolinista, bandolista, arreglista y compositor, formado con los maestros: Iván Adler (mandolina), Juan Esteban García (bandola guaribera) y en la prestigiosa escuela de música Ars Nova, bajo la dirección de la maestra María E. Atilano. Tiene más de 20 años de experiencia dentro de la música popular venezolana, como músico y arreglista de artistas y grupos de renombre en el ámbito nacional.

Pedro Marín

Pedro Marín

Mandolinista, bandolista, arreglista y compositor, formado con los maestros: Iván Adler (mandolina), Juan Esteban García (bandola guaribera) y en la prestigiosa escuela de música Ars Nova, bajo la dirección de la maestra María E. Atilano. Tiene más de 20 años de experiencia dentro de la música popular venezolana, como músico y arreglista de artistas y grupos de renombre en el ámbito nacional.