La fórmula mágica

Las noticias tienen alas propias. De allí la expresión de que estas “vuelan” y, generalmente, no quieren decir que su contenido tenga un carácter benigno. De hecho, “buenas noticias” no necesariamente quiere decir que éstas sean buenas. La paradoja es que la mayoría de las veces la expresión termina siendo un oxímoron.

Venezuela ha tenido buenas noticias en el estricto sentido de la palabra en este tiempo de cuarentena, ser uno de los países con menor índice de contagio y decesos por Covid-19, pero sin repercusión en ningún medio internacional. Sin embargo, cobró interés “noticioso” un informe presentado por un trío que se vendieron como “independientes” y que basan sus conclusiones sobre lo que obscenamente se expone en Twitter en materia de derechos humanos.

A falta de noticias, estas se construyen y las venden como si fuera periodismo. El tratamiento del lenguaje, en cómo es redactada la “información”, delata la posición política de quién la escribe, así como en dónde se publica. Es por ello que objetividad y verdad están en tela de juicio.

Hace una década El País recibió el reclamo de un lector español: “Presentan una foto de Hugo Chávez con el titular que afirma que Venezuela ‘confiscará’ el 5% de los beneficios de la banca. En la misma portada se dice que Merkel ‘elevará la carga fiscal’ en Alemania. Qué fina Merkel, que parece que suba los impuestos con una taza de té en las manos y unas patitas en la mesa. Muy distinta al grosero Hugo, confiscando sudoroso todo lo que se pone por delante”.

Una buena noticia para las organizaciones que recibirían el beneficio pasó a tener sentido contrario. La Defensora del Lector y el jefe de Internacional de ese diario admitieron que se excedieron con el sesgo político. Ha pasado una década y el pudor, desde hace un buen tiempo, lo dejaron a un lado con tal de mantener a su público lector con “informaciones” bajo sus intereses políticos y económicos.

En El imperio de la noticia Héctor Mujica resumía que si un medio quiere tener éxito editorial debe utilizar la “fórmula mágica” de sexo + crimen + deporte. En estos tiempos podemos afirmar que para los medios hegemónicos publicar sobre Venezuela es un deporte, cometen un crimen al matar a la verdad y terminan en un coito mental que genera placer en los lectores asiduos a la construcción de sus noticias.

Raúl Cazal

Raúl Cazal

Escritor y periodista. Autor de los libros de cuentos El bolero se baila pegadito (1988), Todo tiene su final (1992) y de poesía Algunas cuestiones sin importancia (1994). Es coautor con Freddy Fernández del ensayo A quién le importa la opinión de un ciego (2006). Gracias, medios de comunicación (2018) fue merecedor del Premio Nacional de Periodismo en 2019.

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