La rebelión de Rupununi

En la larga historia de la controversia territorial entre Venezuela e Inglaterra, heredada luego por Guyana, un hito de interés lo constituye el movimiento secesionista conocido como la Rebelión de Rupununi, que tuvo lugar el 2 de enero de 1969, en los últimos días del Gobierno de Raúl Leoni.

Rupununi es un territorio ubicado al sur de la zona que hace parte del litigio entre Venezuela y Guyana. Posee cerca de 58.000 km² y está formado por grandes sabanas aisladas del resto de Guyana, habitado principalmente por indígenas de las etnias wapishana y, en menor medida, makushi y lokono.

El territorio, administrado por la corona británica durante la colonia, fue cedido a terratenientes blancos, oriundos de Estados Unidos, Inglaterra, Escocia y Canadá, que desarrollaron grandes latifundios en la zona. Según Óscar Márquez, investigador especializado en el tema, “Para el año de 1969 estos territorios eran una rica y próspera región ganadera que contaba aproximadamente entre 120.000 y 150.000, cabezas de ganado repartidas estas entre unas doce grandes haciendas y otras de menor tamaño, más las reses de las comunidades indígenas.”

La insurrección pretendió crear un Comité Provisional del Gobierno de Rupununi tras separar esa franja de territorio tanto de Venezuela como de la República Cooperativa de Guyana. Fueron combatidos por las fuerzas del Gobierno de Forbes Burnham, primer ministro de Guyana, viéndose obligados a replegarse y luego a huir. Luego de tres días de conflicto, se desplazaron hacia el territorio venezolano, el Gobierno de Leoni dió la orden de nacionalizar a los desplazados, aunque negó todo vínculo con los alzados. El conflicto dio lugar a una elocuente nota de protesta por parte del Gobierno de Guyana y la condena de los países de la Commonwealth a Venezuela.

1969: AÑO NUEVO Y VIEJOS PROBLEMAS

Corrían los años de la Guerra Fría y el planeta entero se encontraba involucrado en ese conflicto entre superpotencias, fichas en el ajedrez de la historia. El 2 enero del 69, cuando aún el mundo celebraba el nuevo año, fue quizás el momento menos oportuno para adelantar una Rebelión que esperase contar con el apoyo del Gobierno de Venezuela, o incluso convocar el interés de la comunidad internacional. En Venezuela el Presidente Raúl Leoní debía entregar, en pocas semanas, el mando a un joven y victorioso Rafael Caldera, que venía de obtener un cerrado triunfo en las urnas ante el “hombre fuerte” de Leoni, Gonzalo Barrios.

En ese momento Guyana era una novísima República, que había obtenido su independencia de Gran Bretaña en 1966, luego de fuertes protestas y manifestaciones internas y que aún acusaba los restos de la división interna de las fuerzas políticas que impulsaron la emancipación, además de un marcado conflicto de corte racial y étnico.

El Primer Ministro era el controversial Forbes Burnham, un hombre que venía de las filas del Partido Progresista Popular, el PPP, fundado por el histórico líder socialista Cheddi Jagan, al que había renunciado para formar su propia coalición electoral, acusando a Jagan de “comunista” y azuzando los conflictos entre afrodescendientes e indígenas, todo esto apoyado por los Estados Unidos según reveló en su libro Inside the Company: CIA Diarios, el ex agente de ese servicio secreto, Phillip Agee.

El apoyo de Estados Unidos a Burnham buscaba frenar el avance de Jagan, como parte de su lucha contra la “amenaza comunista”. Un dato de interés es que, en una asombrosa vuelta de tuerca, al poco tiempo luego de ganar las elecciones Burnham cambió de bando, acercándose a los países de Europa del este, a la URSS y a Cuba. En el ámbito internacional el panorama no era muy distinto, Lyndon Johnson, el trigésimo sexto presidente de los Estados Unidos y artífice de la Guerra en Vietnam, también estaba de salida en ese momento y le tocaría entregar el 20 de enero la Presidencia a Richard Nixon quien, andado un tiempo, sería el tristemente célebre protagonista del Watergate. Pero esa es otra historia.

DEL ACUERDO DE GINEBRA A RUPUNUNI

El 17 de febrero de 1966, se firma el Acuerdo de Ginebra, un tratado aún vigente en el que Gran Bretaña, la Guyana británica y Venezuela reconocen que el Laudo Arbitral de París de 1899 no cumplió con las expectativas de las partes en conflicto y que fue denunciado como nulo e írrito por Venezuela ante la ONU, por lo que acuerdan buscar una solución pacífica y detallan los pasos a seguir para la resolución de la controversia limítrofe-territorial sobre la Guayana Esequiba.

El reavivamiento del litigio fue visto como un éxito de la diplomacia venezolana. El Acuerdo fue firmado en vísperas de la Independencia de la Guyana Británica y Venezuela se apresuró a reconocer al nuevo estado de Guyana en una nota diplomática del Canciller de Venezuela al Canciller de Guyana, enviada con fecha del 26 de mayo de 1966, apoyando también la incorporación de la nueva República en la Organización de las Naciones Unidas ese mismo año.

Para los especialistas, eso constituyó el más grave error, pues Venezuela reconoció a la nueva república sin antes solucionar el problema fronterizo permitiendo que Reino Unido le transfiriera la disputa territorial a su ex colonia.

Poco tiempo después, el 12 de octubre de 1966, Venezuela toma posesión de la Isla de Anacoco, instalando allí personal militar y civil, una guarnición militar e iniciando la construcción de una pista de aterrizaje, una oficina postal, una escuela y puestos militares y policiales. Esta isla se encuentra ubicada en la confluencia de los ríos Venamo y Cuyuní, y Venezuela reconoce que es parte formal de su territorio dado que se encuentra fuera del área en litigio.

Guyana, que no reconoce la tesis de que la isla está fuera del área en reclamación, envió una airada nota de protesta a Venezuela, suscrita por su primer ministro, Forbes Burnham, y dirigida al Dr Ignacio Iribarren Borges, el entonces Canciller de Venezuela. Iribarren Borges respondió a la altisonante nota informando que la Isla de Anaco era posesión de Venezuela y que si Guyana deseaba hacer algún reclamo debía acudir a “la Comisión Mixta creada al efecto por el Acuerdo de Ginebra del 17 de febrero de 1966, de conformidad con lo dispuesto en el párrafo segundo del Artículo Quinto del mismo Tratado”.

Las relaciones entre Venezuela y Guyana comenzaron a deteriorarse y el 14 de octubre, en las afueras del Consulado de Venezuela en Georgetown un grupo de ciudadanos guyaneses realizó una protesta en la que quemaron la bandera de Venezuela y corearon consignas contra nuestro país. El hecho ameritó una nota de disculpa del Primer Ministro guyanés, en la que expresaba que “fue una reacción espontánea ante el informe de que había entrado personal venezolano en la parte guyanesa de la Isla Anacoco, y no puede en forma alguna atribuirse o al tono o al contenido de mi mensaje radial de ese día, puesto que evité cuidadosamente, en uno y otro respecto, el inflamar la opinión pública en Guyana”.

Ya en el año 68, Forbes Burnham había comenzado a negociar con empresas norteamericanas la explotación de los recursos de la zona en reclamación. El 8 de agosto de 1968 la Cancillería de Venezuela emitió otra nota de Nota verbal a la Embajada de Guyana referente a la Declaración hecha por el Gobierno de Venezuela de no otorgar ningún reconocimiento jurídico a las concesiones que pudiera negociar Guyana en la zona del Esequibo, por estar éstas en una Zona en Reclamación, la nota finalizaba indicando que “Venezuela ha cumplido estrictamente el Acuerdo de Ginebra y tiene la intención de continuar en su cumplimiento. El Gobierno de Venezuela reitera su voluntad de buscar soluciones satisfactorias para el arreglo práctico de la controversia que existe entre los dos países, conforme a los términos del Convenio de Ginebra, al tiempo que espera que el Gobierno de Guyana dé muestras de igual disposición”.

Pero aunque las notas diplomáticas que iban y venían lo negaran, el conflicto estaba en alza.

RUPUNUNI

En un informe confidencial sobre Guyana, del estado Mayor Conjunto del Ministerio de la Defensa de Venezuela, fechado el 26 de septiembre de 1966 se lee “El estándar de vida parece juega por raza. Ingleses, americanos y canadienses indican ser los poderosos; el hindú puede ser la clase media sin que esta exista realmente y sin que pueda llamarse pudiente; el negro es la clase pobre pero con margen de asalariado y burócrata; El indio americano es la clase paupérrima; El mulato juega en las dos combinaciones”.

Rupununi era una suerte de enclave aislado de las políticas del gobierno central, en la que ganaderos holandeses, escoceses, ingleses y norteamericanos convivían con los pueblos indígenas de la zona en una suerte de “paraíso” al margen de la explosiva conflictividad política, económica y social que vivía Guyana en ese momento. Sin embargo, esta bucólica situación se vería afectada por las amenazas de Burnham de resignar las tierras de la zona, que habían pasado de la Corona a manos del Estado de Guyana luego de la independencia.

Al respecto Óscar Márquez señala “Allí se hallaban asentados entre grandes y pequeños hacendados o rancheros, unos 30, cuyas tierras estaban sometidas a un régimen de arrendamiento que duraba escasamente un año, de acuerdo con las cláusulas de carácter unilateral establecidas por Burnham, el Gobierno guyanés en cualquier momento podría rescindirlos sin derecho a indemnización violando la antigua ley inglesa, a pesar de que eran tierras Crown Lands (tierras de la Corona) lo que suponía lo eran todas al interior de la colonia, pero en las cuales se les garantizaba a sus pisatarios su posesión en virtud del arrendamiento, licencia o permisos”.

Así las cosas, el 2 de enero de 1969 un grupo de rebeldes, habitantes del antiguo Distrito de Rupununi, en la actual región de Alto Tacutu-Alto Esequibo, abrieron fuego contra la estación de policía de la zona. Portaban armas automáticas, M-9 portátiles y bazucas. El jefe de la policía, los miembros del cuerpo de seguridad y un empleado civil de nombre Víctor Hernández fueron asesinados en la escaramuza.

Los rebeldes tomaron la estación de radio para evitar el envío de mensajes que pudiesen alertar al Gobierno central y bloquearon la pista de aterrizaje de Lethen, la principal ciudad de Rupununi. De acuerdo con las declaraciones de uno de los ganaderos líderes de la revuelta, Jim Hart, la acción fracasó debido a que un espía del gobierno, que se presentaba como misionero canadiense, habría logrado comunicarse a través de una radio con el gobierno central de Guyana, informando la situación del alzamiento y brindando datos sobre el número y los involucrados.

La insurrección fue cruelmente sometida por las fuerzas militares guyanesas. El número estimado de muertes asciende a más de una centena, fundamentalmente indígenas de la zona.

LA MANO QUE MECE LA CUNA

La imagen romantizada de una aguerrida Valerie Hart como la valiente dama indígena enfrentada a los negros racistas de Burnham en una batalla de carácter racial recorrió los diarios de toda Venezuela. Sin embargo, si bien es cierto que existía un agudo conflicto entre los distintos grupos étnicos que hacían vida en Guyana, el origen del conflicto se halla más vinculado a la tenencia de la tierra que al odio racista.

Luego de la constitución de la República de Guyana las tierras de Rupununi, en arrendamiento por la corona británica, pasaron a manos del nuevo Estado. Aparentemente Burnham presionaba a los terratenientes con incrementar los impuestos o reasignar las tierras a sectores cercanos a su liderazgo. Esa habría sido la causa fundamental del malestar de los habitantes de Rupununi y el detonante de la desesperada revuelta.

Según el historiador Guillermo Guzmán, en los archivos personales del ex canciller venezolano Ignacio Iribarren Borges, reposan multitud de documentos que señalan la vinculación de Venezuela con la rebelión en Rupununi, tal como lo denunciara en su momento el gobierno de Guyana. En esos archivos se encuentran registros de las múltiples reuniones que con los ganaderos de Rupununi sostuvieron emisarios del Gobierno de Venezuela, con los que se habría acordado de antemano las distintas fases del plan.

Los ganaderos pensaban que era factible controlar el territorio antes de que el gobierno de Georgetown pudiera ocupar los principales centros centros poblados. Fueron enfáticos en que sería posible anexarse a Venezuela siempre que se les ”garanticen sus derechos humanos, la propiedad sobre sus tierras y un periodo de transición más o menos largo para adaptar el sistema jurídico de la región al venezolano y autonomía para ciertos asuntos locales”. No pedían poco.

Asimismo esperaban que el pronunciamiento se produjera en diciembre o principios de enero pues en esa época los niños estarían de vacaciones y no serían usados como rehenes por el gobierno de Burnham. Para la Cancillería de Venezuela la acción no podría en ningún caso realizarse antes de que finalizaran las elecciones presidenciales del 1 de diciembre.

Al Presidente Leoni la Cancillería de Venezuela le presentó, en un documento clasificado, seis posibles escenarios para la recuperación de la Guayana; el primero suponía mantenerse en la vía diplomática y esperar por los resultados del acuerdo de Ginebra, el segundo era la invasión militar; el tercero planteaba una intervención de Guyana, apoyados por los Estados Unidos, como reacción a un posible cambio del escenario interno del país, esto si Burnham no ganaba las elecciones el 16 de diciembre a Cheddi Jagan. La cuarta opción era dejarlo todo igual y permitir que los medios establecidos por la ONU dirimieran el conflicto. La quinta opción era la anexión de Guyana con el costo que acarrearía sobre Venezuela “una población empobrecida, racialmente dividida y difícilmente asimilable de más de medio millón de hombres”.

Finalmente Leoni se apuntaría a la sexta propuesta: la secesión del territorio y su anexión a Venezuela “por la libre voluntad de sus moradores” como la única vía práctica y con menores inconvenientes.

Así las cosas, se elaboró el documento “Plan de levantamiento de la población de la Guayana Esequiba” en el cual se dejaban claras las líneas a seguir y las tareas por cumplir para alcanzar la esperada secesión que anexara los territorios de Rupununi a Venezuela. De hecho, se esperaba que dentro del levantamiento también se sumaran las regiones Noroccidental y Occidental, dirigidas por los miembros del Partido Amerindio.

El plan, cuidadosamente preparado, incluía la infiltración de militares venezolanos con rasgos indígenas en la zona, la estructuración de un sistema de comunicaciones, la entrega de armamento a los alzados, un coordinador de todas las acciones de origen venezolano y el apoyo de tropas de las Fuerzas Armadas de Venezuela. Incluso se preveían las posibles respuestas y acciones de Brasil en torno a las acciones de Venezuela. El plan estaba en marcha.

Sin embargo, las elecciones presidenciales del 1 de diciembre de 1968 en Venezuela, con su sorpresivo resultado a favor de Copei lo trastocaron todo. El 20 de diciembre Caldera se reunió con el Canciller saliente, Iribarren Borges, quien asegura en sus diarios que le informó del plan de Rupununi. La respuesta de Caldera fue que lo evaluaría y le daría pronta respuesta.

El 27 de diciembre el embajador de Estados Unidos en Venezuela, Maurice Bernbaum, se reunió con el Canciller Iribarren para manifestar su “honda preocupación” por los informes sobre una revuelta en Rupununi financiada por Venezuela. Iribarren negó toda participación de Venezuela.

Este dato afianza la tesis de que el primer ministro guyanés estaba al tanto de la rebelión y la dejó avanzar para tener elementos con los cuales acusar a Venezuela en instancias internacionales.

El 28 de diciembre el Director de Política Internacional, Luis Herrera Marcano, informó a Valerie Hart, el enlace entre Caracas y Rupununi, que Venezuela no podría apoyarlos ni prestarles ayuda en sus acciones.

La Rebelión se produce el 2 de enero de 1969, a despecho del Gobierno saliente de Raúl Leoni y con el consecuente costo político que sobre Venezuela y sus reclamos sobre el territorio de la Guayana Esequiba constituyó.

PEONES EN LA GUERRA DE OTROS

La rebelión del Rupununi fue uno de los factores que, junto a la falta de consenso respecto a los criterios sobre el destino de la reclamación, la agitación política en los escenarios internacionales que contra Venezuela ejecutó Guyana, en las que acusó a Venezuela de guerrerista y de preparar una invasión, acusaciones que fueron lanzadas durante la reunión de autoridades militares del Caribe en Puerto España y la simultánea negociación sobre el Golfo de Venezuela, preccipitaron la firma del Protocolo de Puerto España el 18 de Junio de 1970, por el Gobierno de, un ya agobiado, Rafael Caldera, congelando por doce años la disputa territorial y los avances alcanzados en décadas anteriores.

Pero el principal y definitivo contrincante de Venezuela en el litigio territorial con Guyana en este periodo fue Estados Unidos. Lo norteamericanos, en su desespero por impedir el avance de las “fuerzas comunistas” financiaron y sostuvieron a Forbes Burnham en el poder, para frenar el ascenso de Jagan, aliado de Fidel Castro.

Entonces, el reclamo de los territorios de la Guayana Esequiba por parte de Venezuela, visto en sus inicios por la administración de Lyndon Johnson como un arma en contra de Jagan, se convirtió luego en una incomodidad y un estorbo para los planes imperiales en la zona. Y Caldera cedió ante ellos.

Hoy vemos con pesar como Guyana, dirigida por el gobierno ultraderechista de David Granger y junto a la trasnacional Exxon Mobil, explotan los recursos de la Zona en Reclamación. Con total desparpajo y sin ningún tipo de vergüenza lo anuncian en todos los medios de comunicación.

Una nota de la Agencia IPS podría darnos la medida del costo que para Venezuela ha significado el despojo del Esequibo: “Esos recursos tienen el potencial de generarle a Guyana casi 20.000 millones de dólares en ingresos petroleros anuales para el final de la próxima década”.