La vida extraordinaria de Rafael de Nogales Méndez

“En su bajel de eterno, errante peregrino,
los inmensos mares de la aventura surca.
Y, sueña cuatro años este Andino,
Bajo la Media luna de la Bandera Turca”
Otto H. Bruguera
(Mérida, 19 de octubre de 1940)

Uno de los más interesantes hitos de los vínculos históricos entre Venezuela y Turquía, lo constituye el servicio que en territorio otomano prestó Rafael de Nogales Méndez, venezolano formado en las artes militares en Alemania, Bélgica y España.

Escritor y “caballero andante”, como él mismo se definió en su libro Memorias, sirvió como oficial del Ejército Otomano durante la Primera Gran Guerra Europea o Primera Guerra Mundial.

Su libro Cuatro años bajo la media luna, en el que narra sus aventuras en el Ejército Otomano, ha sido traducido a siete idiomas y constituye un testimonio único de ese frente de guerra en español, repleto de emocionantes anécdotas y valiosos análisis acerca del islam, el cristianismo y sobre el carácter de los pueblos kurdos, armenios y turcos.

“Me he considerado un ciudadano del mundo en todos los lugares del orbe en que alguna cosa se proyectaba. Un dictador que derrocar. Un ejército de patriotas que organizar y dirigir. Una utopía de oro que sobrellevar. Una ballena que arponear. Una injusticia política que señalar para presentarla desnuda al mundo. En medio de todo ello he sostenido un sólo propósito: la liberación de mi país, Venezuela, de la tiranía que lo agobia” De Nogales Méndez, Memorias.

Su nombre de pila era Rafael Ramón Intxauspe Méndez y nació en San Cristóbal el 10 de octubre de 1877, hijo de Felipe Intxauspe y Josefa Méndez, sus ancestros se remontan hasta Diego Méndez, escudero de Colón pasando por Pedro Luis Intxauspe, coronel del ejército bolivariano.

Su familia amasó una fortuna que le permitió a Nogales acceder a una excelente educación. Felipe, su padre, le envió a Bélgica para continuar su formación y allá inició sus estudios en las artes militares, filosofía y letras.

Se definió en Memorias como “caballero andante”, estableciendo las distancias que para él existieron entre su vida y la de un vulgar mercenario, tal como quisieron algunos de sus enemigos retratarlo. Fue, además, admirador de Miranda y declarado bolivariano, nacionalista y antiimperialista.

El periplo de vida de este singular venezolano lo llevó de Venezuela a México, de China a Japón y Corea, de Bélgica a Turquía y de Alemania a Nicaragua. Repartió su vida entre cazar ballenas junto a los esquimales y ser vaquero en Arizona, quedándole aún tiempo para ser conspirador político y espía, cazador y viajero, escritor y conferencista.

Combatió contra Cipriano Castro antes de embarcarse en varias aventuras en Centroamérica, México, el Caribe y el Lejano Oriente. Estuvo un tiempo al servicio del presidente mexicano Porfirio Díaz, persiguiendo contrabandistas y traficando armas, hasta que se vió obligado a salir de México apresuradamente, al ser involuntariamente involucrado en una conspiración contra el propio Díaz.

De allí viajó hasta China, donde se enroló para ser espía doble en la guerra ruso-japonesa; luego se dedicó durante un tiempo a la caza de osos, alces y ballenas en Alaska, territorios en los que se le conoció como el “Kid Méndez”. Siguió su carrera como “cowboy” y minero de oro en Nevada bajo el nombre de “Nevada Méndez”.

También participó en la Revolución Mexicana, luchando al lado de Ricardo Flores Magón y Pancho Villa. Y cuando España entró en guerra contra Estados Unidos, se alistó como voluntario de las fuerzas españolas, junto a las que luchó valientemente, contra los norteamericanos.

Su condición de enemigo y conspirador contra los gobiernos de Cipriano Castro y luego de Juan Vicente Gómez -se refería a ellos como “las fuerzas tiranas que por un siglo han pisoteado los sueños del Libertador”- lo obligó a estar exiliado de Venezuela durante casi toda su vida.

En 1913 lideró el alzamiento contra la dictadura de Juan Vicente Gómez en los llanos de Apure, confiando en la palabra de El “Mocho” Hernández, quien le aseguró que reuniría tropas para derrocar la dictadura. Ni las tropas ni el armamento llegaron, por lo que de Nogales huyó a Colombia luego de evadir varias cuadrillas de indígenas pagadas por Gómez para darle caza.

El trepidante relato de esta huida da cuenta de las dotes de Rafael De Nogales como escritor. Sobre esta derrota y posterior exilio escribirá en Cuatro años bajo la Media Luna, que lo hizo “Como el humilde servidor de un país inmaturo”.

Caballero andante bajo la Media Luna

Luego de su estancia forzosa en Bogotá y mientras deambulaba aburrido por la islas del Caribe, estalló la 1era Guerra Mundial. De Nogales escribió en su libro Memorias lo siguiente:

“Aleluya me dije para mis adentros. Aquí estaba la oportunidad de mi vida. Por fin la tan esperada guerra mundial estaba en marcha. Mi divisa ha sido siempre: Cuando veas una guerra buena, alístate para combatir en ella. Di entonces gracias a mi buena estrella que me había permitido nacer no demasiado tarde ni demasiado pronto para intervenir en este conflicto universal. Tenía treinta y cuatro años, la edad justa. Mi adiestramiento y experiencia de soldado me harían aprovechar al máximo esta maravillosa oportunidad”.

Como se advierte, De Nogales se muestra como un gran aficionado a la guerra y la aventura en ese momento de su vida. Con estas expectativas viaja a Europa donde se presenta ante varios consulados a ofrecer sus servicios como oficial experimentado.

Pero en todas le colocan trabas: Bélgica y Reino Unido le niegan la posibilidad de unirse a sus filas sino renunciaba antes a su nacionalidad, puesto que Venezuela se había declarado neutral en el conflicto, y Francia le ofrece unirse a la Legión Extranjera, pero para combatir sin rango de oficial.

Es entonces que el Imperio Otomano, aliado de los Imperios alemán y astro-húngaro, le abrió sus puertas, ofreciéndole rango de oficial sin perder su nacionalidad. Logró ingresar al estado mayor otomano en la Primera Guerra Mundial, destacándose en los campos de batalla de Armenia, Kurdistán, Irak, Palestina y el Sinaí.

De sus primeras impresiones en aquellas tierras escribió un texto casi profético para nuestros días: “El día que llegara a faltarle el poder central de Constantinopla, no tardaría ese rosario de residuos de pueblos y núcleos étnicos, de orígenes diversos y religiones rivales, en convertir el Asia menor en una segunda Macedonia o en un nuevo Balcán que andando el tiempo acabaría a su vez por poner en peligro quizás hasta la misma Europa, y, sobre todo, a sus colonias asiáticas y africanas de origen islámico, puesto que el cráter de dicho volcán se hallaría en ese caso situado en todo el centro del mundo mahometano” (Cuatro años bajo la media luna).

Impresionado por el país al que arriba escribe “Errados andan los que se figuran que los pueblos del Cercano Oriente son menos cultos que los europeos”, refiriéndose a la proverbial hospitalidad de los otomanos y a la riqueza cultural del pueblo que le recibe.

De Nogales fue Gobernador Militar de la Palestina Central y Transjordania. En 1915 estuvo en el Frente de Mesopotamia, en 1916 en el Frente de Kut-El-Amara, en el Frente del Cáucaso y luego en el asedio de Van en 1917. Desde allí, ese mismo año, partió al Frente de Palestina y Gaza. En todos destacó por su lealtad y capacidad de mando.

Fue conocido allí como “el perro cristiano”. Ejerció de gobernador militar del Sinaí en Egipto, donde obtuvo éxitos combatiendo a los británicos a quienes hizo retroceder. Por allá tuvo sus encontronazos con otro soldado y aventurero muy conocido: Lawrence de Arabia.

Rafael de Nogales alcanzó los grados de Bey del Imperio Otomano y General de división del Imperio Alemán. Recibió la Cruz de Hierro de primera clase de manos del Káiser Guillermo II y también la Estrella de Mechedieh otomana.

El drama armenio

Durante el asedio de Van fue testigo del genocidio armenio. Su relato sobre estos días quedó plasmado en algunos capítulos de su libro Cuatro años bajo la media luna, que luego sería utilizado por unos y otros para establecer responsabilidades y culpas.

En un pasaje del libro, De Nogales expresa su convicción de que los Jóvenes Turcos son los responsables intelectuales de la limpieza étnica de armenios y otros pueblos cristianos: “En consecuencia, y para dar más efecto a sus argumentos, decretaron los Jóvenes Turcos sobre la marcha la abolición de las “Capitulaciones”, la derogación de las deudas y tratados existentes con los países de la Entente, la expansión de las fronteras nacionales a la sombra del Panislamismo, y la eliminación eventual de los armenios y demás cristianos otomanos por medio de una Guerra Santa”.

Pero descarga de culpas al grueso del ejército al escribir más adelante: “Y ya que del ejército turco estoy hablando, agregaré, sin temor de equivocarme, que el ejército regular otomano ha sido inocente de las matanzas armenias. Él no sólo las desaprobó, sino hasta las hubiera impedido a viva fuerza, de haberlo podido hacer”.

También se desprende de sus libros la participación activa en la masacre contra los armenios de los kurdos: “Si los 30.000 o 40.000 armenios encerrados en Van, en vez de organizar bandas de música, gobiernos provisionales y acuñar medallas y cruces militares, hubiesen emprendido la ofensiva y, armándose aunque sólo fuera de garrotes, hachas y cuchillos, hubiesen intentado una salida en masa, quién sabe si no nos hubieran arrollado a la larga y quizás hasta obligado a retirarnos a la provincia de Bitlis, cortando así la retirada a nuestro ejército expedicionario en Persia y salvando la vida a millares de sus correligionarios, los cuales iban pereciendo diariamente en los pueblos vecinos y en el resto del vilayato de Van bajo las cimitarras de los kurdos y las balas de nuestros voluntarios.

Con ese texto De Nogales se transformó, por su visión desinteresada, en un testigo incómodo para quienes pretendieron utilizarlo para justificar acciones o repartir culpas. Así, allí se muestra a los armenios, kurdos y turcos como los vio el venezolano, con la amplitud de miras que sus ingratas circunstancias, de cristiano y a un tiempo soldado que había jurado pelear bajo la bandera del Profeta, le imponían.

Rafael De Nogales tuvo varios encuentros desafortunados con los kurdos, que lo llevaron a escribir casi al final de su estancia en territorio otomano lo siguiente: “En esos tiempos no valía gran cosa una vida humana en aquellos parajes. ¡Desgraciado del que ostentare dientes de oro! Los kurdos hubieran sido capaces de seguirle durante días enteros para arrancárselos después de haberlo acuchillado.

En Memorias, en el capítulo XVIII, dedicado al Sitio de Van, De Nogales arroja un dato que podría ser crucial para comprender las razones de fondo que motivaron la masacre contra el pueblo armenio: “Tanto los turcos como los armenios se odiaban a muerte y se combatían al estilo oriental. El yatagán y la cimitarra trabajaban a tiempo completo. La Cruz y la Media Luna estaban peleando con desesperación, por el control de las tierras altas de Armenia, sobre las cuales se deslizaban los tres o cuatro pasos de montaña que conducían del Asia Central y Anatolia, luego a través del Bósforo, a Europa. La eterna meta de todos los conquistadores asiáticos”.

Adiós a la guerra

En 1918, la Gran Guerra llegó a su fin y las Potencias Centrales se rindieron. De Nogales esperaba ser capturado por los británicos y terminar encarcelado, o peor aún, fusilado. Ocurrió todo lo contrario: le otorgaron un salvoconducto para salir de Constantinopla. Era un hombre admirado por las tropas británicas.

Luego de la guerra, se dirige a Nicaragua donde vive algunos años.

En su estadía, conoce al revolucionario Augusto César Sandino y colabora en su causa contra el presidente Adolfo Díaz Recinos, que estaba apoyado por los marines estadounidenses. De su experiencia en Nicaragua, escribió el libro El saqueo de Nicaragua, que terminó siendo vetado en EE.UU.

Final del juego

Regresó a Venezuela tras ser acosado por el servicio secreto francés.

En ese entonces Goméz ya había muerto y mandaba su sucesor, Eleazar López Contreras. De Nogales volvió pensando que López haría un cambio en el país. Le escribe para ofrecer su gran experiencia militar pero, fiel a su carácter, también escribió varias críticas contra el gobierno.

López Contreras se muestra incómodo con las críticas y para quitárselo de encima le otorga un cargo menor en la aduana de Las Piedras, en el estado Falcón. Luego le envía a Panamá como diplomático.

Rafael de Nogales, ya enfermo, muere a los 57 años en Panamá, el 10 de julio de 1937, por complicaciones luego de una cirugía en la garganta.

Su cadáver fue embalsamado y enviado a La Guaira, donde pasó 15 días desaparecido. Se le brindó un funeral sin honores, en el Cementerio General del Sur el 2 de agosto de 1937.

Así culminaron las extraordinarias aventuras de Rafael de Nogales Méndez.

Sobre la extraña suerte de De Nogales, injustamente olvidado por la historia, escribiría el escritor y periodista argentino Roberto Arlt, lo siguiente:

“¡Oh, qué curioso, qué curioso! En los mismos días que Lawrence sale para Egipto, un venezolano cara de mono tití, que habla sospechosamente el francés, el inglés, el alemán y el italiano, se pasea por las callejuelas de Sofía. Curiosea en las mezquitas y entra a la embajada alemana donde sostiene reiteradas conferencias con el mayor Von der Goltz, agregado militar, y el ministro turco Fethi Bey. Finalmente, después de tantas diligencias sale para Constantinopla, a luchar al servicio del gobierno turco y hacer todo el daño posible a Inglaterra. El 15 de septiembre de 1918, los diarios de Berlín dirán, refiriéndose a este caballero llamado el general don Rafael Nogales y Méndez: “Para todos los latinoamericanos será una verdadera satisfacción el saber que el general Nogales, único oficial neutral que ‘lucha como tal en las filas de las Potencias Centrales, ha logrado obtener durante los tres años y medio que se halla combatiendo bajo las banderas del Profeta, laureles que llenarán indudablemente de satisfacción y orgullo, no sólo a su patria venezolana, sino a las repúblicas latinoamericanas en general.” Lawrence y Nogales. ¿Por qué se recuerda a Lawrence y se olvida a Nogales?

También el Presidente Hugo Chávez refirió lo siguiente durante un discurso ante el Cuerpo Diplomático en Miraflores, en 2009:

“…hace poco estaba yo leyendo y enterándome más sobre un venezolano nacido en San Cristóbal, que fue General de la media luna, y Comandante de uno de los ejércitos turcos en la I Guerra Mundial, y poco antes había batallado en Centroamérica al lado de…, mejor dicho, poco después se vino a Centroamérica y estuvo en el ejército aquel, el pequeño ejército loco de Augusto César Sandino, y en esos años había venido a Venezuela y participó en una invasión por los llanos de Colombia para tratar de derrocar al tirano que aquí gobernaba y que traicionó a este pueblo y a esta patria y la convirtió en colonia del imperio norteamericano y sumió a Venezuela en casi treinta años de oscura tiranía (…) estoy hablando del general Rafael de Nogales Méndez, General de la media luna.“

Entregado, casi ingenuamente algunas veces, a las causas que consideró justas, fue sin embargo capaz de cuestionar y cuestionarse las razones de la guerra y a quienes de ellas se beneficiaban. En sus libros narra con gran lucidez las miserias de la guerra, pero también la nobleza de los pueblos que quedan en medio de las ambiciones de los poderosos.

Testigo de excepción de la transformación que al mapa europeo impuso la guerra, asistió a la caída de los imperios otomano y astro-húngaro en su vertiginoso periplo militar.

El “caballero andante” Rafael De Nogales Méndez es seguramente, después de Bolívar y Miranda, el venezolano más internacional de todos, pero también uno de los más olvidados personajes de nuestra historia y uno de esos hombres que resume en su extraordinaria vida al héroe clásico. 

En palabras del profesor Kaldone G. Nweihed: “Fue uno de los hombres más extraordinarios que aún esperan por ser reinterpretados a la luz de una nueva época que se vuelve a editar tras un largo suspenso, como si el mundo entero estuviera de regreso a ese escenario geopolítico que vivió el venezolano turco Nogales Bey”.