El negocio del hambre

El hambre se ha constituido en un auténtico genocida en el mundo, una epidemia social provocada que cobra anualmente más vidas que el SIDA, la malaria y la tuberculosis juntas.

 

Cifras apocalíticas

Cerca de 1.000 millones de personas sufren hambre actualmente en el planeta, según datos del Programa Mundial de Alimentos; es decir, 1 de cada 7 ciudadanos en el mundo carece de alimentos.

Diariamente mueren 40 mil personas como consecuencia del hambre y la desnutrición. Y si se suman los que mueren por las consecuencias inmediatas del hambre, la cifra se sitúa en 100 mil personas asesinadas diariamente por el hambre.

Uno de cada cuatro niños sufre de retraso en el crecimiento y 3 millones mueren cada año producto de una “nutrición deficiente”, un eufemismo técnico para referirse al hambre.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) el hambre no es sólo que una persona no sea capaz de acceder a alimentos suficientes como para satisfacer sus necesidades alimentarias, sino que también es sinónimo de desnutrición crónica.

Sin embargo, una revisión rápida a los índices de producción de los países revela que se producen suficientes alimentos para todos a nivel mundial, tanto como para dar de comer a 9.000 millones de personas. Casi un tercio más de la población mundial total.

Los dueños del negocio

El mercado de alimentos está en su mayor parte en manos de multinacionales que funcionan bajo el principio mercantil de la rentabilidad. Según varios expertos, instituciones como la Organización Mundial de Comercio, el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial trabajan al servicio de estas empresas. Incluso la Organización de Naciones Unidas (ONU) ha sido acusada de “blanquear” informes para descargar responsabilidades sobre este tema.

Existe una “escasez intencionada de alimentos para poder influir en los precios y para que no se detenga el llamado negocio del hambre”, afrimó el sociólogo y escritor Jean Ziegler, quien fuera Relator Especial de ONU para el Derecho a la Alimentación entre 2000 y 2008.

En un documento titulado “La esquizofrenia de las Naciones Unidas: Una lucha sin medios contra el hambre” Ziegler condena la indiferencia, calificándola de criminal, de los gobiernos del primer mundo ante el genocidio controlado que implica permitir que las trasnacionales controlen y definan el precio y la distribución de alimentos en el mundo.

En un párrafo explica lo siguiente: “El hambre y la desnutrición no se deben en modo alguno a la fatalidad ni a una maldición de la naturaleza. Tal y como escribió Josué de Castro hace medio siglo, la ecuación es simple: los que tienen dinero comen; los que carecen de dinero sufren hambre, las mutilaciones que ésta acarrea, y con frecuencia mueren. El que muere de hambre es víctima de un asesinato. Sin embargo las Naciones Unidas, las organizaciones no gubernamentales y los estados ‘civilizados’ afrontan de manera diametralmente opuesta este genocidio silencioso”

¿Cómo funciona el sistema de especulación mundial de algunos rubros?

A través de los Fondos de Alto Riesgo, grandes bancos de inversión, fondos de pensiones y otras pequeñas empresas, los conglomerados de la alimentación fijan una estrategia a través del estudio del clima, la demanda y las cosechas y establecen cuáles rubros son susceptibles de escasear y/o de subir su valor.

Luego de eso fijan un precio, en negociaciones poco transparentes con los productores, y adquieren opciones de compra adelantada a varios meses de las cosechas con un precio fijado de antemano. Este precio será tan justo como poder de resistencia tenga el productor. Muchos productores aceptan bajo presión o ante la incertidumbre de no poder vender luego su producción.

Luego esperan que el mercado vaya al alza, sobre esto Paul Nicholson, representante de la organización Vía Campesina, asegura que algunos fondos son capaces de comprar miles de toneladas de un producto para disparar su precio.

Al ejecutar sus opciones de compra, adquieren las cosechas al precio establecido meses atrás que será, inevitablemente, inferior al precio actual debido a que el mercado ha sido intervenido. Finalmente venden al precio especulativo y se embolsillan la diferencia.

Biocombustibles contra la vida

Un elemento que se suma a la dantesca situación de los alimentos es la utilización de varios tipos de cereales en la producción de combustibles. Esto ha profundizado el conflicto al generar el aumento descontrolado de estos alimentos producto de la especulación y del alza en los precios del petróleo, lo que ha llevado a algunos gobiernos a creer que la alternativa son los biocombustibles.

Según los estudios, una tonelada de maíz produce apenas 413 litros de etanol como promedio, lo que implica un escenario imposible para cubrir la demanda mundial de combustible. Sin embargo, varios gobiernos han preferido este camino.

Al respecto Ban Ki-moon, ex Secretario General de las Naciones Unidas ha dicho: “Los precios de la alimentación, si siguen como ahora, las consecuencias serán terribles. Como aprendimos en el pasado, este tipo de situaciones termina a veces en guerra.”

Sólo con lo que se tira a la basura en el primer mundo, que según el programa Mundial de Alimentos son 1.3 mil millones de toneladas de alimentos, podría alimentarse al doble de la población que sufre hambre en todo el planeta.

Las causas del hambre son económicas y políticas y se sustentan en el robo de las riquezas de los países pobres por parte de los países más desarrollados en los cuales tienen su sede las grandes multinacionales de la alimentación que son las grandes beneficiarias del llamado negocio del hambre.

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