Cuando esto pase…

El Covid-19 no sólo es pandemia sino tema recurrente en el mundo. Como si del reporte de un corresponsal se tratara, me envía un correo Jordi Bañó i Aracil (*) –de la Universidad de Valencia– que reproduzco resaltando la peripecia.

Dice Jordi Bañó: “el Covid-19 es un virus, con mortalidad de alrededor de un 4% sobre los infectados. Este virus es nuevo, nadie está inmunizado y se contagia con rapidez. En España, la mayoría de las muertes es de personas con más de 65 años y se ha producido en residencias privadas –o públicas con gestión privada, ya que éstas carecen de personal suficiente para atender a los mayores.

“Sobre las respuestas de los políticos hay que decir que España y Europa están inmersas en una crisis sanitaria y social, se combate la crisis con ayuda de la ciencia y con los medios que se poseen. La ciencia y los médicos son los únicos que intentan saber la verdad y salvar enfermos.

“La Seguridad Social española es una red sanitaria pública con centros y hospitales por todo el país y la asistencia es gratuita. Hasta hace 25 años atendía a todo el mundo con medios modernos y eficaces. La Seguridad Social se financiaba con cotizaciones de trabajadores y empresas y había poco fraude porque se perseguía eficazmente. En los últimos años, gobiernos de todos colores, mayoritariamente de derechas, deterioraron el sistema público. La crisis de 2007 y la privatización redujeron la financiación pública, con la excusa de la crisis, pese a lo cual sigue siendo mayoritaria la sanidad pública gestionada directamente. La proporción de camas hospitalarias por cada mil habitantes es del 3,6 frente a las 8 de Alemania. La OMS sitúa a España y Alemania entre los mejores sistemas de sanidad pública.

“En Alemania es obligatorio un seguro público; en Italia el servicio lo prestan médicos y hospitales privados de paga y muchos no concurren por el gasto. En Francia es similar con servicios básicos gratuitos complementado con un seguro privado. En Holanda, la sanidad está en manos de las grandes aseguradoras privadas. En Bélgica, Irlanda y otros países son similares: el coronavirus desbordó muchos sistemas.

“La sanidad pública en España atiende a todos los ciudadanos, es gratuita, contempla cualquier enfermedad, sus médicos están sometidos a rigurosa selección; planifica sus centros de atención territorial y poblacionalmente. La sanidad privada es una empresa, busca beneficios. La sanidad privada no atiende sólo a criterios médicos sino económicos, trata de optimizar la relación costo-beneficio y una parte del dinero se va a repartir como utilidad a los accionistas. En España hay algunos acuerdos entre el gobierno y la sanidad privada: los casos de epidemia suelen estar excluidos y se pagan aparte.

La epidemia ha arruinado a muchos trabajadores y empresarios y se han tomado medidas económicas, con ayudas directas a los trabajadores y empresas. Hay fraudes, pero el número siempre será pequeño comparado con la estafa que pueda realizar una gran corporación. En la crisis de 2007 se inyectó dinero a la banca, con dramas familiares enormes, pues el dinero no llegó a quien lo necesitaba. Rebajar los impuestos no sirve, pues el impuesto sobre cero es cero: el dinero para dar las ayudas y pagar la sanidad pública se nutre de ahí.

En ciencia el error se rectifica; en política se cometen más errores y se paga caro: los rivales se lanzan por quien se equivoca, sin pensar que sus soluciones habrían sido iguales o peores. En democracia definimos todos el Estado que debe ser, pues corremos el riesgo de no tener medios suficientes para cuidarnos de amenazas como las epidemias.

“Cuando esto pase, debemos juzgar aciertos y errores, debe guiar el juicio el por qué hemos llegado a esta situación límite. No valdrán los reproches personales, todos somos responsables de haber elegido políticos que habrán acertado o no, porque los pusimos nosotros.

“Los políticos lanzan grandes frases, pero no mueren ellos en las guerras, morimos nosotros. Hoy no se escucha, el debate de ideas no existe, los políticos imponen su dogma y se les sigue ciegamente: no interesa la razón, es pensamiento chatarra como dice Marcos Roitman. El conocimiento molesta a los políticos y no saben a dónde van. Pregúntenles qué es la vida y se asombrarán con las respuestas. Todo lo fían a la economía, pero la economía siempre ha sido un medio, nunca un fin. El mundo se mueve por las ganancias, no por criterios de humanidad y la salud no depende de los beneficios. No se me ocurre cómo salir de los criterios económicos para confiar nuestras vidas, pero dejemos de hacer la misma tontería.

Dicen que tenemos confinamiento social y no es verdad. Tenemos confinamiento físico. El confinamiento social hay que practicarlo con las mentiras de los políticos, esos que quieren seguidores borregos. Ese es el confinamiento a practicar; un modo de pensar separa y nunca en la historia se ha dado un caso de estupidez colectiva tan grande como el que imponen los políticos sin cultura, sin ciencia, sin conciencia.

“Los grandes problemas nunca son individuales, son sociales. La crisis la están solucionando los sanitarios, desde los médicos hasta los barrenderos. No están ahí los políticos superhéroes que gritan, ni los seguros privados. Menos banderas y más arrimar el hombro. Cuando esto pase, ¿cuánto tiempo tardaremos en olvidar qué Estado es necesario? ¿Cuánto tardaremos en olvidar que es la Sanidad Pública la que salva a todos? ¿Qué habrá cambiado? ¿Existe una inteligencia social?”

Tras la pandemia no se puede vislumbrar una salida fácil –aquella que reemprenda lo dejado– y a la que mi colega-amigo alude permanentemente con “Cuando esto pase…” con que inicia su panorama sobre Europa occidental, la crisis sanitaria y lo político, como conclusión. Muchos compartirán sus dichos, compararán algunos pasajes con sus realidades: nuestra intención fue la de acercar una visión de primera mano “sin adornarnos con plumas ajenas”.

 

(*) Jordi Bañó y Aracil, español, abogado y docente.

 

Ruben Montedónico

Ruben Montedónico

Periodista uruguayo que en Montevideo trabajó en CX 8 - Radio Sarandí (1972-76). En el exilio (1976-19859 escribió en El Día, México; El Nuevo Diario de Nicaragua y Agencia Nueva Nicaragua (1983-90). Asimismo, en México lo ha hecho en Novedades, La Jornada y Aldea Global de México (1998-2014). En la actualidad escribe regularmente en Uruguay para el Semanario Voces.

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