Colombia legaliza el narcotráfico

Ya está. El crossover que tanto deseó George Soros al patrocinar la campaña de Pepe Mujica y lograr la legalización del consumo de creppy en Uruguay, borrando del mercado la semilla nativa latinoamericana de cannabis está pasando hoy en Colombia. Si la condición de Estado fallido y de granja de droga de Estados Unidos es un signo inequívoco de Colombia, hoy pareciera que la legalidad va a encubrir las operaciones de exportación desde la República neogranadina hacia el principal mercado para la droga del mundo.

Así lo confirman las declaraciones de Lucas Nosiglia, presidente de la compañía Avicanna Latam: “La industria del cannabis en Colombia, al ser un sector naciente, tiene el gran reto de abrirse camino y estandarizar sus procesos productivos”. Oye, que no es para reírnos. Que Nosiglia tenga el cinismo de afirmar que la industria de la marihuana sea un sector naciente en la historia de Colombia no debe ser asumido como chiste, sino como una cadena de eufemismos mercadotécnicos que buscan estabilizar la reacción a la información por cualquier lector desprevenido. Tampoco debe ser tomado a burla la frase “abrirse caminos y estadanrizar sus procesos productivos”, en un país con un historial de cultivo y procesamiento de marihuana y cocaína que se remonta a más de 70 años. La verdad es que no hay nadie como ellos con la experticia en el asunto, forjada en las condiciones adversas de la clandestinidad. A pesar de esto, el narcotráfico mueve más del 59% del PIB de Colombia, según los pocos investigadores que trabajan el tema y no han sido asesinados aún.

Hablamos de un negocio que mueve miles de millones de dólares al año, que ha permitido la creación de un para-Estado capaz de organizar ejércitos paramilitares, construir submarinos, financiar candidatos, consolidar la economía mediante el lavado de dinero y hasta enviar a embajadores a países del extranjero para que “patroneen” granjas de droga clandestinas en el país correspondiente. Las fosas comunes con cientos de muertos, el desplazamiento forzado de campesinos hoy sin tierra, los asesinatos de líderes sociales a diario así lo confirman.

La legalización de la producción de droga en Colombia va viento en popa, y Nosiglia se ufana en mostrárnoslo: “la asesoría del ICA y el respaldo de los ministerios de Agricultura y Justicia fue determinante para que pudiéramos tener la cosecha en los tiempos que exigía el cliente en Estados Unidos”. Claro, se justifica y dice: » el envío se da ante la necesidad de algunos países productores de cannabis medicinal por acceder a semillas de cáñamo en medio del ciclo invernal, y con la intención de consolidar un flujo de ventas en el exterior». Con la frase “algunos países” la empresa se refiere a Estados Unidos, específicamente el estado de Colorado. Por supuesto, se acerca el invierno y en medio de una pandemia en tierras norteñas que está llevando a la tumba a los más desfavorecidos (esto es los latinos inmigrantes sin beneficios sociales, seguro de salud y green card que mueven la industria local) claro que Estados Unidos necesita semillas para sembrar y procesar en aras de contribuir “humanitariamente” a la salud de los enfermos.

Consecuentemente con los clichés del neoliberalismo y los standarts de comunicación del marketing Avicanna Latam nos muestra su preocupación por el desarrollo del país, y la generación de empleo que proporcionará sus actividades lícitas: «Esta exportación es la fiel muestra de que el sector de cannabis está en condiciones de apalancar la reactivación socioeconómica que requiere el país en medio de la coyuntura. El cannabis medicinal genera empleo, aumenta los ingresos fiscales de la nación, amplia la matriz exportadora y contribuye al desarrollo de zonas remotas».

Todo un cántico que suena a música celestial para la oligarquía colombiana y al Estado genocida que maneja en zig-zag Iván Duque. Porque usted cuando siembra marihuana cosecha eso: marihuana, no medicinas. Usted está cosechando de manera legal droga. Y sus cosechas no se basan únicamente en semillas, se produce la planta completa. A dónde van esas plantas? Después que saca las semillas, que se hace con lo que resta? Bajo el sustantivo «medicinal», una acepción adoptada por la justicia estadounidense para permitir el consumo a enfermos terminales en su país se quiere implantar en la opinión pública un sinónimo que no es pertinente a la naturaleza de la droga, sino a un condicionamiento de su uso.

En la descripción de la empresa Avicanna Latam se le describe como una compañía dedicada al comercio por menor de productos farmaceuticos y medicinales, cosméticos y artículos de tocador en establecimientos especializados. Su emprendimiento ha sido reseñado por la revista Forbes. Mientras tanto, Donald Trump acusa al país vecino, Venezuela, de ser un recinto de narcotraficantes, pagando una operación encubierta para asesinar a Nicolás Maduro y enviando una flota armada a sus costas. Es que claro, yo imagino que la cosa en Colombia ya avanza los caminos correctos para el mercado norteamericano, las granjas están aseguradas, las rutas sólidas y las bases instaladas. A Venezuela, con miles de toneladas decomisados y varios capos de la droga detenidos no le termina de calzar el nuevo negocio. Entonces usemos el epíteto criminal de narcotraficantes contra los venezolanos rebeldes y Cimarrones, manipulemos la opinión pública mundial y justifiquemos la guerra por petróleo. Que ya Forbes bendijo el negocio de la droga en Colombia, y se sabe que por la plata baila el mono. Seguimos.

Orlando Romero Harrington

Orlando Romero Harrington

Artista audiovisual, bloguero, asesor político en comunicación, profesor universitario y analista político. Ha trabajado como docente universitario, fue responsable de la comunicación en la ELAM Venezuela y Director de Imagen en Venezolana de Televisión (VTV). Pertenece a la Junta Directiva de AvilaTv, es presidente de la productora audiovisual Kapow y actualmente se desempeña como asesor de campañas electorales.

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