Coño, Cliver. No sé si reír o llorar

Cuando observo las declaraciones de Cliver Alcalá a través de medios de comunicación colombianos no sé si reír o llorar.

Reír, porque en la esencia de las declaraciones se atribuye la capitanía de la conspiración para asesinar al Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y a varios funcionarios de alto nivel a Juan Guaidó. El «presidente interino» de Venezuela santificado y sacralizado por Donald Trump y la Europa medieval (que alegremente se menean los falos en la OTAN) ha demostrado que nadie puede ser más inoperante y gris que su figura. La inteligencia venezolana le ha quitado los calzones en varias oportunidades dejando al descubierto actuaciones de espía chapucero, traficante de armas con megáfono, ladrón sibilino y paramilitar honorario.

La tragicomedia de la oposición venezolana pasa por aguantar la burla del planeta al descubrirse que Guaidó robó hasta a Don Omar. Que puso a su tío a pasar C4 en un lapicero. Que en sus lives de Instagram monitorea con su equipo (su esposa) cada visitante conectado, que hay un zapato, y no de cristal, en el aeropuerto de Maiquetía que da testimonio del revolcón que le dió el pueblo para recibirlo de su “apoteósica” gira mundial. Que es un eco cavernoso de los anuncios del Presidente Maduro y que seguirá estafando al gobierno de Estados Unidos cada vez que se lo permitan. Lo trágico es que este actor de comedia C es la figura que entrega nuestros activos internacionales a los depredadores foráneos.

Pero la comedia sigue. Luego de las declaraciones de Alcalá y su show de camisa mojada como convenientemente apuntó el psicológo Jorge Rodríguez deberíamos como venezolanos exigir a Alcalá y a Guaidó un programa en vivo. La narrativa de su fuga a través de la frontera colombo-venezolana, a partir de la información que afirma el inicio del procedimiento de investigación judicial por conspiración promete ser el show de más audiencia en Internet. Guaidó se proyecta como el rey de la comedia venezolana, sobrepasando por mucho a una ola de comediantes que hacen plata y vida con el exilio criollo. Ver a Fabiana Rosales huyendo de la justicia atravesando una trocha, observar a Guaidó doblar la espalda frente a un jefe paramilitar, vacilarse a Cliver usando peluca y esquivando en Barranquilla a los sicarios que le van a cobrar el fallo definitivamente es un proyecto hilarante. Burlesco en esencia.

El reverso de la moneda es la situación real del pueblo colombiano, sometido a los dictámenes de un mandatario ilegítimo y deudor del Narcotráfico. Un pueblo incapaz de sacudirse la bota imperial, con más de siete bases militares en su suelo, las comunicaciones intervenidas, la dignidad pisoteada. Una Colombia dependiente de la droga como motor económico, con bozal hediondo a cripta, confinada a ser la granja de droga más grande del mundo para el mercado más grande del mundo. Azotada por una pandemia sin medidas de protección a la gente. El futuro de Colombia depende de la privatización de sus servicios públicos, el asesinato de tod@s l@s que piensen diferente, de la nula recaudación de impuestos a las transnacionales y del florecimiento del paramilitarismo. Colombia es el candidato ideal de George Soros para legalizar la droga y el paraíso soñado para las mafias norteamericanas. Dan ganas de llorar.

Con todo, reír y llorar son parte de la máscara de la personalidad. Y debajo de la máscara se planta la convicción de una denuncia de conspiración hecha por el gobierno venezolano desde hace cinco años. Colombia y Estados Unidos son los últimos socios en crimen que utilizan a Venezuela como comodín electoral, regodeándose en la crisis que han provocado y espoleado. Trump debe ganar Florida y por eso el anuncio mercenario. Duque debe asegurar su salida del poder sin que lo linchen, y eso está más difícil. En ambos casos Alcalá y Guaidó, además de J. J. Rendón son los cartuchos inservibles de una escopeta que no da más. El tiempo dirá si los botan, los abren para sacarle la pólvora o simplemente los explotan. Por diversión.

Orlando Romero Harrington

Orlando Romero Harrington

Artista audiovisual, bloguero, asesor político en comunicación, profesor universitario y analista político. Ha trabajado como docente universitario, fue responsable de la comunicación en la ELAM Venezuela y Director de Imagen en Venezolana de Televisión (VTV). Pertenece a la Junta Directiva de AvilaTv, es presidente de la productora audiovisual Kapow y actualmente se desempeña como asesor de campañas electorales.

One thought on “Coño, Cliver. No sé si reír o llorar

  • Avatar
    27 marzo, 2020 at 10:27 pm
    Permalink

    Ese análisis esta simentado en la práctica de los hechos que se van desarrollando en Venezuela,saludos desde Nicaragua.

    Reply

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *