La unidad, ¿la quimera del partido?

Se acercan otras elecciones en Venezuela. Las organizaciones políticas comienzan a poner en marcha las reuniones. El Partido Socialista de Venezuela (PSUV) es, sin duda alguna, el movimiento político más grande, mejor organizado y más activo del continente latinoamericano. Las elecciones a cargos regionales, municipales, comunales, de concejalías, en este país se vota a diestra y siniestra, con una población que se tomó para sí la política y disfruta el proceso y el resultado de cualquier convocatoria a ejercer el derecho democrático.

La democracia, entonces, no debe asustar a nadie y así lo ha comprendido el país. Y la actividad electoral del PSUV es un motor ideológico, económico, político, festivo, comunitario. Todo eso a la vez.

Yo creo que la “unidad”, ese concepto tan cambiante algunas veces, tan maleable, debe dejar de ser entendida como una “formulación de contingencia”. Es decir, en vista de las circunstancias, la “unidad” es necesaria. Las circunstancias deciden el modelo, en una especie de mantra poliquístico que se aplica a los indisciplinados, a los contestones. A los incómodos. Porque, a pesar de que hay una gran cantidad de camaradas que quieren poder, quieren representar, quieren surgir y en esa práctica de vida se vuelven gritones y fastidiosos, hay siempre verdades incómodas que hay que atender de inmediato. No silenciarlas, no dictaminarlas y recetarlas. Este es el meollo del asunto, y tiene que ver con esa famosa “quintaesencia” que Herrera Luque perfiló: el innato “rebote” del venezolano. Está en las entrañas de cada hembra que destroza el mundo, en cada coño que anda por el planeta regando libertades que pensó eran inherentes a la nacionalidad tricolor.

Con este perfil de rebelde porque sí, les dejo una pequeña reflexión: la “unidad” tiene que ver con la microfísica del poder y que me perdone Foucault, porque me copié el título. La política local cuando es la base de campaña de un candidato, no deja espacio si es bien aplicada para un análisis más ampliado. La particular influencia de la campaña (siempre localizada para los candidatos al inicio de carrera) es limitada, con carácter local. Suele ser precedida por reuniones en donde se evalúa en colectivo las designaciones. Y enfatizo esto para signar de importante este proceso, puesto que las competencias individuales caracterizan posturas, acomodos, influencias, una serie de actividades inherentes a la designación. Y este clima es belicoso, turbio.

En esta situación pre-electoral es clave la visión ampliada. No debe perderse de vista la elevación de la mirada, de la posición hacia arriba. Y cuando se analizan los próximos meses no cabe duda: la unidad es clave, fundamental. En el continente se mueven las fuerzas progresistas ante la persecución sistemática de los gobiernos neoliberales: en Ecuador, inhabilitan a Rafael Correa con una guerra mortal de todas las instituciones del Estado, controladas por el traidor Lenin Moreno, mientras el pueblo muere en las calles por el covid-19. Colombia agoniza entre la guerra de los narcos, el Estado colombiano y la DEA. Brasil es un gran cementerio sin control bajo el mando de un psicópata, Fernández en Argentina contra las cuerdas por el FMI. El continente en llamas, con varios portaviones norteamericanos en las costas y guerra económica genocida contra el pueblo venezolano.

La gran política, la real. La lucha en las fauces del enemigo, herido de muerte por la crisis económica del capitalismo, provocada por su arma biológica fuera de control. La evidencia es tan sólida al hablar de colapso para la sociedad norteamericana que se aceptan teorías de la conspiración: ¿la crisis es tan obvia que es provocada?

Un enemigo imperial que despliega sin asco flotas de barcos militares apuntando a Venezuela, como si no pudiéramos volarles esas vainas con un par de sukhoi. La vaina está tan arrecha que la campaña Trump 2020 se viene abajo y comienzan a sonar los demócratas con Biden y Kanye en el tope de la popularidad. ¿Trump tiene a Venezuela, y algo más para campaña? ¿Qué creen que va a pasar con esta guerra no-formal?

Unidad no es quimera, sino perspectiva. No es un proceso sagrado ni bíblico.

Perspectiva, camarada: si quiere de clase, de sexo, de edad, de capacidad. Perspectiva antes de aspirar a nada, antes de soñar con nada. Perspectiva para darse cuenta de lo rápido que pasa el tiempo, de lo efímero de nuestro paso por aquí. Perspectiva para re-conocernos con respeto a las diferencias. De manera solidaria: ¡Cuánto me falta!, cuánta empatía he perdido con los años y cuánta sensibilidad al otro. Capacidad de analizar la situación de la patria, a nivel global. Y entender, como yo lo entendí en las palabras de Cabello y de mi amiga Karol alguna vez: la vaina no es salirse si sientes que va mal. La vaina es quedándose. Transformando. Jodiendo. Participando. No vamos a pararnos a corregir un carajo, lo hacemos en el camino, que si nos paramos nos morimos.

¿Unidad? Hablemos claro de una vez. Esta campaña es de base, es casa a casa en plena pandemia, es de maquinaria, pero es vital. Es la campaña que tuvo que ganar Al Assad en Siria, que Estados Unidos no reconoció. Y sin reconocimiento (obviamente) por parte del invasor, el pueblo se radicalizó y la opinión pública internacional tembló. Es la campaña necesaria también para la asamblea de aguas tranquilas relativas, una especie de calma dentro de la vorágine diaria para muchos y muchas militantes de la vida. Unidad es articulación de intereses, de fortalezas individuales para la victoria colectiva. La economía de Venezuela se ha transformado en una economía salvaje, asfixiante. Contra esa bestia y las bestias del bloqueo, el sabotaje y la guerra, enfrentamos otras elecciones, y el cambio es la unidad monolítica de todas las fuerzas del pueblo en contra del imperialismo. Lo local es anécdota.

Orlando Romero Harrington

Orlando Romero Harrington

Artista audiovisual, bloguero, asesor político en comunicación, profesor universitario y analista político. Ha trabajado como docente universitario, fue responsable de la comunicación en la ELAM Venezuela y Director de Imagen en Venezolana de Televisión (VTV). Pertenece a la Junta Directiva de AvilaTv, es presidente de la productora audiovisual Kapow y actualmente se desempeña como asesor de campañas electorales.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *